14 de febrero de 2026
He vuelto a despertar. Siempre a la misma hora. Ya se vuelve costumbre. Intento volver a dormir, pero es como si el sueño nunca hubiera existido. El cansancio nunca tuvo lugar. Mi mente está despejada, no puedo pensar en nada. Todo está oscuro y tranquilo. Floto en un vacío...
Miro el reloj. Pareciera que el tiempo se ha detenido... marca siempre el mismo paso. Una y otra vez. Las cosas no cambian.
Me giro hacia la pared. Siempre me ha sido cómodo ese lado. Solo ahí logro conciliar el sueño.
Cierro los ojos, no logro dormir, hay algo que me comienza a incomodar.
Siento una voz conocida que me llama por mi nombre: “Andrés”. Volteo. Solo se distingue la luz del radio reloj indicando la hora. No ha cambiado. Siento que han pasado horas desde que desperté, pero no ha pasado un solo minuto.
Intento nuevamente quedarme dormido, pero el sueño ha abandonado la habitación.
“Andrés”. ¿Quién me llama? Volteo una vez más y algo me detiene. Quedo mirando hacia el techo, la angustia y el temor se apoderan de mi mente y cuerpo. Una mano en el pecho ejerce presión.
Se agita mi respiración y mi corazón comienza a dar golpes como queriendo huir lejos de ahí.
Trato de calmarme, de decirme que solo es una pesadilla, pero no lo es. Una mano se desliza por la orilla de mi cama en dirección a la cabecera. Su movimiento es burlesco.
Peleo. Me quiero mover, pero mi cuerpo está paralizado, quiere evitar el peligro.
Una extraña luminosidad inunda la habitación, veo con claridad el espacio de mi habitación como si fuera de día. ¡Esto no puede ser!
Miro el reloj. Esto debe acabar pronto. No ha pasado un solo minuto. Es una eternidad. Siento que moriré.
Me agito tanto que pareciera que estoy sufriendo convulsiones. La mano se acerca más y más. Acecha mi cordura.
“Andrés”. Se vuelve a oír ese susurro tan cercano, tan amable, pero que oculta los temores de la humanidad en su ser.
Logro gritar. El control de mi cuerpo me pertenece una vez más.
Todo vuelve a ser oscuridad. Miro el reloj. Ha cambiado. Un minuto ha pasado.
Me quedo tranquilo, pero sé que no ha terminado. Mañana será otra noche y el reloj marcará otra vez aquella hora maldita que me atormenta.
— Andriu